Raúl Claro H.  ♦   La Tecnosfera

Un artículo

“Kuckuck lanzó una mirada fugaz a su alrededor y, en un tono que indicaba cierta confianza y sin duda porque yo era el marqués de Venosta, me reveló lo siguiente: —No hubo una generación espontánea, sino tres: el surgimiento del ser a partir de la nada, el despertar del ser a la vida y el nacimiento del hombre1.”

El profesor Kuckuck, personaje de una novela de Thomas Mann, traza en esa frase una historia del universo, dramática por lo demás. Son tres momentos explosivos en que se produce un salto, se añade algo que antes no había: el ser a la nada, la vida al ser, la conciencia humana a la vida.

Su afirmación es también un ejemplo de cómo esta última, la conciencia, el pensamiento humano unifica sectores de la realidad y los pone en relación unos a otros – y con ayuda de esos conceptos los recrea en un juego mental.

En un juego parecido, el geólogo austriaco Eduard Suess describe hacia fines del siglo XIX la Tierra como formada por capas concéntricas, en las que se producen procesos y ciclos específicos. Las primeras capas, que podemos considerar como un concretización de esa primera generación espontánea, son la Litosfera (capa rígida rocosa), la Hidrosfera (capa acuosa) y la Atmósfera (capa gaseosa). Junto con la Barisfera (capa profunda, plástica) forman la Geosfera.

En su seno tiene lugar la segunda generación espontánea de que habla Kuckuck: la de la vida, la Biosfera.

Y luego, en medio de la Biosfera, surge la tercera generación, el brote del ser humano, al que en s. XX otros autores como el filósofo francés Eduard Leroy, el geólogo ruso Vladímir Vernadskzy y el jesuita Pierre Teilhard de Chardin le dieron el nombre de Noosfera: la Esfera del pensamiento.

Pienso que es hoy necesario llevar esta concepción todavía un paso adelante2. Más allá de esa Noosfera constituida por las diversas culturas humanas esparcidas por el globo, una de ellas, la europea occidental, forma una nueva capa, que ya envuelve la corteza terrestre, cubriéndola con creaciones humanas de una naturaleza particular, muy diversa a todo lo anterior. Se puede hablar entonces de una Tecnosfera: la capa de los objetos técnicos. Es muy reciente, se completa apenas en el tercer tercio del siglo XIX. En ese momento hay ya estructuras técnicas que abarcan todo el globo: ferrocarriles y vapores, cables telegráficos submarinos que unen los continentes, ondas electromagnéticas que transportan información por toda la Tierra.

Redes-ferroviarias-telegrafos en 1900

Del atlas Andrees de 19013

Si la Noosfera es el medio ambiente espiritual de los seres humanos, la Tecnosfera suplanta poco a poco a la Naturaleza como su entorno físico. Gran parte de la humanidad vive ya en ella, particularmente los habitantes de las grandes ciudades y de los países de la OCDE, del mundo llamado desarrollado. Es ahora entonces el momento de convertirla por sí misma en un objeto de reflexión y estudio como fenómeno histórico. ¿De dónde surge? ¿Qué la constituye y qué la diferencia de otros fenómenos? ¿Cómo se desarrolla y qué leyes rigen su evolución? ¿Qué consecuencias tiene sobre las otras Esferas y qué se puede prever acerca de su futuro?

Especialmente estes dos últimos puntos merecen nuestro interés por sus consecuencias prácticas. Ya pone buena parte de la opinión pública mundial su atención sobre las repercusiones peligrosas que trae consigo el crecimiento de esta nueva Esfera. La Biosfera se ve amenazada en su diversidad y con eso en su existencia, la Atmósfera cambia su composición y con eso el clima de la Tierra, la vida en general y particularmente las culturas humanas se encuentran progresivamente luchando contra condiciones hostiles. Diariamente desaparecen grandes superficies de bosques, de praderas, de humedales y sus poblaciones de organismos bajo el cemento, y con ellos van extinguiéndose especies, más de cien por día. Por esos motivos se hace perentorio y central para todo habitante del planeta y en especial para los principales constructores de Tecnosfera el tomar conciencia de esa realidad.

El objeto técnico

Comencemos por la segunda pregunta, ¿qué constituye la Tecnosfera? Mi respuesta es: la capa, la red global de objetos técnicos. ¿Qué caracteriza a los objetos técnicos – desde los monumentales como un barco portacontenedores hasta los invisibles como las creaciones de la nanotecnología y las inmateriales ondas electromagnéticas – que hoy cubren la faz de la Tierra? ¿Por qué surgen?

Lo que los distingue y separa de todo lo anterior es haber sido producidos por una técnica empapada de ciencia exacta, una técnica guiada por la ley científica, que determina un sistema regido por una estrictez matemática. Este origen los convierte en concretizaciones o encarnaciones de un mundo de exactitud y manipulabilidad, como es el mundo de la matemática. Antes de Galileo se consideraba la matemática como propia de un mundo superior, distinto del mundo concreto, material, de la sociedad humana y su entorno. Para Aristóteles y los aristotélicos, adversarios de Galileo, la matemática regía las Esferas celestes, no el mundo terrenal.

Lo radicalmente nuevo que nace en los siglos XVI y XVII es el descubrimiento de que el mundo se puede describir como un sistema de sistemas y que dentro de él no estamos limitados a lo aleatorio del quehacer cotidiano, a lo variable e inexacto. Es posible construir en el mundo sistemas simples, de exactitud matemática, si se escogen y aislan las variables adecuadas. Es posible formular las así llamadas leyes de las ciencias exactas que permiten describir al mundo. Y no sólo permiten describirlo, sino producen asimismo una nueva técnica, la técnica moderna. Es posible construir objetos dotados de las cualidades de exactitud y manipulabilidad que caracterizan a las matemáticas. Es un paso “del mundo del más o menos al universo de la precisión”, como lo expresa Alexandre Koyré4, y es en este nuevo universo donde se va instalando poco a poco la sociedad que llamamos moderna.

¿Cómo se llega a uno de esos sistemas simples y exactos? Para ello es necesario purificar lo que se encuentra en el mundo cotidiano, ya que las variables que lo compondrán no están ni aisladamente disponibles ni organizadas en la forma simple requerida. Si queremos ocuparnos de la atracción entre masas, la ley de gravedad y su ecuación por ejemplo, es necesario tener cuerpos cuya masa podamos medir exactamente y eliminar el roce del aire. Es el papel que debe jugar el experimento en las ciencias exactas: darle realidad al sistema simple y exacto y demostrar así su posibilidad y validez. Así se llega a la ley científica. Expresada en conceptos y símbolos adecuados es así un sistema matemático que se comporta como (es homomorfo a) un sector de un mundo purificado.

La unión así producida entre materia y matemática lleva el poder humano a niveles insospechados (aunque las utopías científicas de aquella época muestran que algunos autores sí eran capaces de vislumbrar las potencialidades de esta nueva técnica5).

Ciencia exacta y técnica moderna

El nuevo poder da impulso al desarrollo progresivo de esta nueva forma de tratar al mundo. Se establece un proceso de estímulo mutuo. Un logro en las ciencias exactas abre una nueva posibilidad de acción sobre el mundo, una nueva técnica. Y esta a su vez hace posible modificar el mundo de manera de obtener un nuevo triunfo científico. El método de hacer ciencia y técnica se expande a nuevos sectores de la realidad y a niveles más y más profundos: mecánica, química, electromagnetismo, radioactividad, física cuántica...

Paralelamente se van inventando objetos técnicos como aplicaciones de conocimientos científicos. ¿Cuáles son sus características?

Su origen les confiere propiedades especiales:

- su creación es predominantemente planificada. El azar, aunque a veces está presente, juega un papel incomparablemente menor que en el surgimiento de los elementos de otras Esferas, como las culturas, por ejemplo;
     - alcanzan un grado de exactitud y de manipulabilidad excepcional en comparación con objetos producidos por la naturaleza o la técnica no científica;
     - gozan por eso de un excepcional grado de utilidad o eficiencia para satisfacer las más variadas necesidades o deseos de la sociedad y confieren a menudo especial poder;
     - surgen a poco andar al interior de un medio ya conformado por objetos técnicos anteriores que suponen y prolongan, y se encadenan - hasta formar, como dice Günther Anders, “una máquina total”6.
     - en principio responden a un mundo y una lógica desacordes con la Naturaleza y deben mantenerse aislados de ella: de la humedad, y otros elementos capaces de corroerlos o descomponerlos. A su vez, si bien pueden ser destruidos por la Naturaleza, no son asimilados por ella, y sus componentes pueden permanecer por siglos como elementos extraños y perturbantes, como los materiales plásticos en mar y tierra, o gases en la atmósfera de nuestros días.

Desarrollo y consecuencias de la Tecnosfera

La repetida invención de objetos técnicos, su proliferación y su expansión por toda la Tierra se explica por la particular utilidad de que se les puede dotar gracias a la exactitud y manipulabilidad del sistema de leyes científicas que lo generan. Encontramos acá nuevamente una influencia recíproca, una sociedad que produce técnica moderna y que es a la vez formada por una exigencia de racionalidad y eficiencia. Una sociedad de productores en competencia conduce al sistema económico capitalista donde el éxito depende de la capacidad de vender algún producto. La producción de objetos técnicos nuevos, las innovaciones, se convierte en una meta clave para la empresa capitalista y a la vez es el motor de desarrollo de la Tecnosfera.

Poco a poco la sociedad se desplaza del mundo del quehacer diario a este nuevo universo de sistemas exactos.

La dimensión global del problema fue señalada claramente por las publicaciones del Club Roma en los años 1970 sobre los límites al crecimiento. Según el libro Los límites del crecimiento (1972) de Meadows (y otros autores), nuestro planeta se enfrentaría con el fin de la expansión humana en población y producción dentro de los próximos 100 años. El crecimiento tecnosférico se detendría. El resultado más probable sería una disminución brusca e incontrolable tanto en población como en capacidad industrial.

Recorramos unos pocos casos, indicadores de cómola Tecnosfera interfiere destructivamente en otras esferas.

Impacto sobre la Tierra

En el ámbito cultural europeo se encuentran menciones muy antiguas de las alteraciones y empobrecimiento locales que sufre el entorno natural bajo el influjo de la sociedad humana. En el s. XIX varios autores lamentan en Alemania y Estados Unidos la devastación causada por una explotación descuidada e irresponsable de la Naturaleza6 en el Nuevo Mundo, favorecida por recursos aparentemente ilimitados e indestructibles.

La indicación quizá más general (e indiferenciada) del impacto de la Tecnosfera sobre la Tierra es el monto de la materia arrebatada a la Naturaleza, que hoy llega a 60 mil millones de toneladas por año. Es difícil captar lo que una cifra así significa. Mejor y más significativo es observar la velocidad de su crecimiento. A lo largo del s. XX la extracción anual de materias primas de la Geosfera y la Biosfera aumentó en ocho veces y se calcula que llegará a 140 mil millones de toneladas para 20507. Esas dimensiones reflejan tal perturbación que las ciencias geológicas hablan hoy de un Antropoceno. Es la época en que la actividad de la humanidad se convierte en fuerza de rango geológico y lleva al planeta fuera del ámbito moderado de variaciones característico de Holoceno.

La realidad se manifiesta más detalladamente en una serie de aspectos. Desde mediados del s. XX – el comienzo de esos treinta años llamados la Edad de Oro de los países desarrollados – se acelera vertiginosamente el crecimiento experimentado por muchos procesos altamente significativos de la sociedad humana y del sistema Tierra. La población humana aumenta en mil millones cada 12 años, ante todo en los países no desarrollados. La extracción y consumo de recursos para fines humanos, como agua, tierra, petróleo, peces, minerales, y la producción de desperdicios dañinos, como emisiones de CO2, metano, plomo, clorofluorocarbonos y otros (ante todo en los países de la OCDE) a menudo más que duplican su tasa anterior anual de crecimiento. Es el fenómeno al que se le ha dado el nombre, en 2007, de Gran Aceleración.

En una revisión posterior, de 2015, los autores señalan que en algunos procesos la tasa de crecimiento disminuye, como en la captura de peces, domesticación de tierras o construcción de represas. Pero la disminución no se debe a una menor agresividad de la explotación sino al agotamiento de los recursos necesarios: hay simplemente ya mucho menos peces, menos tierras y menos ríos disponibles para explotarlos o transformarlos en Tecnosfera8. En algunos otros casos parece, sin embargo, haber otros factores, económicos o políticos, que llevan a su disminución, como en el crecimiento poblacional, en la destrucción de la capa de ozono o en el uso de fertilizantes. La mayoría de los procesos, sin embargo, continúan en acelerado aumento con la destrucción consiguiente, directa o indirecta, de Naturaleza: consumo de energía primaria, degradación de la Biosfera de tierra firme, acidificación de los océanos, emisión de dióxido de carbono a la atmósfera, transporte terrestre y aéreo, telecomunicaciones y urbanización, etc.


1. Mann, Thomas (2013), Confesiones del estafador Felix Krull, libro tercero, capítulo 5.
2. Hasta donde he podido comprobar, el término "tecnosfera" aparece por primera vez en un sentido muy semejante al usado aquí en la obra de Friedrich Rapp de 1978, Analytische Technikphilosophie. En el campo de las ciencias geológicas y como parte de la investigación sobre el Antropoceno surge nuevamente el concepto con un contenido algo diferente, centrado en las intenciones humanas que provocan cambios geológicos de dimensiones globales sobre la Tierra. Véase Haff, PK. 2014. “Humans and technology in the Anthropocene: Six rules.” The Anthropocene Review 1: 126–130.
   Las ideas esbozadas en el presente artículo son expuestas en detalle en mi libro La tecnosfera, 2017, Santiago de Chile: LOM.
3. De https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3673219#
4. Koyré, Alexandre. 1971. “Du monde de l' «à-peu-prés» à l’univers de la précision”, en Études d'histoire de la pensée philosophique, Gallimard. Pp. 341- 362.
5. Por ejemplo la Nueva Atlántida de Francis Bacon (1626).
6. Anders, Günther. [1980] 1992. Die Antiquiertheit des Menschen II, Múnich: Beck Verlag.
7. Se puede citar a Alexander v. Humboldt, George P. Marsh, Henry David Thoreau, John Muir.
8. Véase Global Environment Outlook-5 (GEO-5), p. 207, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), http://web.unep.org/geo/assessments/global-assessments/global-environment-outlook-5.
9. Will Steffen, Wendy Broadgate, Lisa Deutsch, Owen Gaffney and Cornelia Ludwig. 2015. "The trajectory of the Anthropocene: The Great Acceleration", The Anthropocene Review, 2015, pp. 1–18.
10. En los últimos capítulos de mi libro La tecnosfera se encuentra una proposición acerca de lo que podrían ser las características principales de una Antroposfera.